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Boletín 5/2016 - Asociación Bernabé

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Nueve meses llevaba el pueblo Israel acampando al pie del Horeb para que Moisés pueda recibir todas las instrucciones detalladas de la ley de Dios, de los sacrificios y de la construcción del tabernáculo. Al acabar la obra, "una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová lo llenó" (Ex.40:34). El texto nos adelanta que esa nube iba ser la señal que tenían que seguir para levantar el campamento y ponerse en marcha o, por el contrario, quedarse quietos y esperar la guía del Señor. Y es lo que tocó primero, durante unas 7 semanas... Tiempo suficiente para organizar en qué orden se debían colocar las 12 tribus de Israel alrededor del tabernáculo y en qué orden ponerse en camino.
Llega el gran momento: por primera vez se alza la nube, y los miles y miles de Israelitas se movilizan en la dirección que la señal divina indica. La macro-organización funciona de maravilla, como previsto (Num.10:11-28). En este momento, Moisés invita a su cuñado Hobab, origniario de Madián, a seguir acompañándoles en el camino hacia el lugar que Dios ha prometido darles, y a disfrutar de su bendición (v.29). Pero Hobab quiere volver a su tierra...

Es entonces que nos sorprende la reacción del gran hombre de Dios:
"Te ruego que no nos dejes; porque tú conoces los lugares donde hemos de acampar en el desierto, y nos serás en lugar de ojos." (v.31) ¡¡Pero Moisés!! ¡¿Qué estás diciendo?! ¿No has visto la nube levantarse e ir delante de vosotros como Dios prometió para guiaros? ¿No llevas ya más de un año experimentando el poder, la presencia y la fidelidad de Jehová a diario? ¿Cómo puedes desear ahora que sea mejor un nativo de la región que os indique dónde hacer las paradas?
La Biblia guarda silencio sobre la decisión final de Hobab - y también sobre la reacción de Dios a este aparente disparate de su siervo. El relato sigue simplemente: "...y el arca del pacto de Jehová fue delante de ellos camino de tres días, buscándoles lugar de descanso. Y la nube de Jehová iba sobre ellos de día, desde que salieron del campamento." (v.33-34) La presencia de Dios era totalmente suficiente, Él había prometido guiarles y lo estaba haciendo. No hacía falta nada más.

¡Cuánto nos cuesta confiar en Dios! Confiar de verdad, sin recurrir a nuestras pequeñas (supuestas) seguridades humanas - más visibles, pero mucho menos fiables. Cantidad de problemas y muchas preocupaciones en nuestra vida, y en la de los creyentes a los que estamos ministrando, tienen allí su origen...

En cambio, la Biblia nos invita a depositar toda nuestra confianza en el Dios Todopoderoso que nos ama y que ha prometido cuidar de nosotros. Seamos misericordiosos con los que están ansiosos, como Dios - que tantas veces "calla de amor" (Sof.3:17) sobre nuestras flaquezas espirituales -, pero sepamos apuntar a la fidelidad de nuestro Señor, cuyas promesas son "sí y Amén".


"Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento den ti persevera; porque en ti ha confiado." (Is.26:3)

"Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos." (Sof.3:17)
Lectura complementaria: Artículo de Palmer Trice sobre la dependencia de Dios, publicado en nuestra web - http://asociacionbernabe.com/publicaciones/?p=94
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