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Boletín 4/2016 - Asociación Bernabé

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El padre del muchacho endemoniado (Mc.9), al que los discípulos de Jesús no sabían curar, estaba desesperado - ¡y encima se sentía acusado de incredulidad! De allí su clamor: "¡Sí creo! ¡Ayúdame en mi poca fe!" (v.24) En realidad, los que necesitaban más fe, eran los discípulos (Mt.17:17-20) - Lucas nos cuenta cómo lo reconocieron y se lo pidieron a su vez a Jesús (Lc.17:5), tal vez en otro momento. Y Jesús aprovechó la oportunidad para enseñarles sobre la fe...
Aquel Israelita sabía una cosa: si alguien tenía poder, era Jesús, y también sería capaz de aumentar su fe. "El iniciador y perfeccionador de la fe", lo llama el autor de Hebreos (12:2), y los Evangelios nos relatan cómo Jesús trataba a cada persona (o grupo de personas) de manera individual para guiarla hacia la fe.

La tumba estaba vacía después de su resurrección, pero los discípulos no entendían por qué... Entonces Jesús tomó tiempo para acompañar en el camino (a Emaús) a algunos, explicarles las profecías que apuntaban al Mesías (Lc.24), y cenar con ellos. A las mujeres que fueron al sepulcro, les aparecieron y hablaron dos ángeles, pero María Magdalena tuvo un encuentro muy personal con Jesús además. Pedro y Juan vieron los lienzos y el sudario en la tumba, Juan lo vio primero pero no entró, Pedro entró enseguida - pero el que creyó que Jesús había resucitado, fue Juan.
A los discípulos reunidos a puertas cerradas, Jesús se les apareció con un saludo de Shalom y les transmitió enseguida la misión a la que fueron llamados. Pero a Tomás, ausente en aquel momento, no le bastó el testimonio de sus amigos. Necesitó un trato especial de parte de Jesús, y Jesús se toma la molestia...

La exhortación y el "reproche de incredulidad" que reciben tanto Tomás, como los discípulos reunidos, como los de Emaús, vienen integrados en esta forma tan personalizada de revelarles la verdad, sin importarle al Señor el tiempo y la atención que requiere. ¡Es una gran lección para nosotros en nuestro ministerio!
...les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron... Jn.20:20
"Acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino hombre de fe."  - "¡Señor mío y Dios mío!", exclamó Tomás. -
"Porque me has visto, has creído", le dijo Jesús;"dichosos los que no han visto y sin embargo creen."
 Jn.20:27
Guiar a otros en su fe
Cada persona es un mundo, y no es por ser creyentes que todos tienen la misma "fuerza de fe" o que se les pueda exigir simplemente "tener más fe". Hay gran variedad de personalidades, trasfondos muy distintos, vivencias diversas que han impactado la vida de la persona - todo eso influye en su fe y confianza en Dios. Puede ser que le falte confiar más en su Padre celestial, que tiene que aprender a echar su ansiedad sobre Jesús, de presentar sus necesidades y preocupaciones delante del Trono de la Gracia y creer que Dios cuidará de ella. Pero a uno le será más fácil y a otro le costará más. Uno necesitará ánimo, otro exhortación, a uno le bastará una sola conversación profunda de calidad, otro necesitará que le acompañemos una milla en su camino...

Seamos sensibles a cómo es la persona a la que queremos aconsejar o animar a creer más en Dios, veamos dónde está realmente y cómo la podemos llevar un paso más, tengamos verdadero amor por ella y estemos dispuestos a invertir tiempo.

 
¡¡JESÚS NOS DA EJEMPLO!!
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