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Boletín 11/2016 - Asociación Bernabé

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Génesis 3: La gran tragedia de la humanidad acababa de empezar. La primera pareja había caído en la trampa de Satanás y había echado a perder su felicidad y su comunión con Dios. Comenzaron los temores, la vergüenza..., y el intento de protegerse y salvar su imagen - con hojas de higuera... (v.7)

Aparece Dios en la escena. Nuevos temores, nuevos intentos de evasión: "...corrieron a esconderse..., para que Dios no los viera." (v.8) ¿Qué hace un niño muy pequeño para esconderse? Se tapa los ojos con las manos, o se agacha detrás del sillón... ¿Acaso su padre no sabe dónde está? Es una ilusión:

Dios está allí - presente, omnisciente. Cuando el hombre le da la espalda, es él que no ve a Dios - se crea la ilusión de escapar de la mirada de su Creador, para no tener que enfrentarse a ÉL, plantarle cara... "¿Dónde estás?", le preguntó Dios a Adán. (v.9) Era evidentemente una pregunta retórica, y Adán la toma como tal. No le contesta: "Estoy detrás del gran roble al lado del río", sino explica sus razones por haber huido de un posible encuentro con Dios. No confiesa su pecado - todavía no ha llegado a ese punto - , sólo presenta su miedo, su vergüenza..., y  razona su reacción: "Escuché que andabas por el jardín y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí." (v.10)
Cuando queremos acercar a otras personas a Dios - ya sean no-creyentes para que conozcan a Cristo, ya sean creyentes para que dejen al Señor tocar sus corazones y transformar lo que no está bien - haremos bien en seguir el ejemplo que Dios mismo nos da:
  • Presentar primero la realidad de su presencia y su interés en la persona, su deseo de tener un encuentro personal con ella y obrar en su vida.
  • Hacer reflexionar a la persona sobre su estado actual: dónde se encuentra en su vida, cómo está, qué resultado le ha dado su manera de actuar... Es lo que hizo recapacitar al Hijo pródigo antes de confesar su pecado y volver al padre (Lc.15:14-17), y a la Samaritana antes de entender que Jesús era el Mesías y le ofrecía vida eterna. (Juan 4) ¡Su necesidad les abrió los ojos!
  • Tener comprensión y paciencia con las emociones negativas que son la consecuencia de lo que ha ido mal en la vida de la persona, sus malas decisiones, las cosas por rectificar - o el pecado de otros. Hagamos como Dios y empecemos por allí, luego ya vendrá el momento de confrontar el pecado, si necesario, y tratar con él.
La raíz profunda de los problemas humanos, de sus temores, de su sentimiento de vergüenza, de sus huídas... se encuentra muchas veces reprimida, camuflada - pero Dios, que mira el corazón y lo sabe todo, llega allí en su momento.

Aunque los humanos somos especialistas en desviar una conversación comprometora a un terreno más seguro y esquivarnos de nuestra responsabilidad (como lo intentaron Adán, Eva, Caín, la Samaritana..., y también muchos creyentes que buscan consejo), el Señor siempre sabe reconducir la investigación para que salga a la luz la verdad completa - que es imprescindible para encontrar el camino de solución.

En el ministerio de la consejería necesitamos para eso la guía y obra del Espíritu Santo, que escudriñe las profundidades del alma humana, sabe revelar lo que hay escondido y convencer a la persona de lo que necesita entender. Es bueno ser conscientes que DIOS BUSCA A LAS PERSONAS, pone mucho interés en reconducir sus vidas, y su Espíritu está muy dispuesto a guiarnos para ser instrumentos de su Gracia en este proceso. ¡Confiemos en ÉL!

Que Dios os bendiga
ASOCIACIÓN BERNABÉ DE CONSEJEROS CRISTIANOS
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